Hola a tod@s,
Hoy en nuestor blog hablaremos de las calificadoras de riesgo, también conocidas por nombre en inglés rating agencies, han sido el centro de numerosas críticas, casi desde su creación. Se les ha señalado como uno de los culpables de la crisis hipotecaria resentida a nivel internacional en los últimos 3 años, en función de la tardía actualización (disminución) de las calificaciones de instrumentos garantizados por las hipotecas subprime. No obstante su popularidad, siguen existiendo algunos conceptos erróneos o confusos acerca de las calificadoras y sus calificaciones. Trataremos de aclarar algunos de ellos en los siguientes párrafos.
Las agencias calificadoras son compañías privadas cuyo negocio radica en proveer al mercado (inversionistas, analistas financieros, reguladores, etc.) de su opinión acerca de la solvencia (creditworthiness) de un emisor. Aquí es donde viene el primer error. Las agencias proveen de una opinión general de la solvencia de un emisor, así como también pueden proveer de la calificación para un instrumento de deuda específico que haya sido emitido. Muchas personas malinterpretan la calificación crediticia como una opinión sobre la rentabilidad de una inversión en las acciones de la empresa. Las calificaciones crediticias son la opinión de la agencia sobre la probabilidad de que el compromiso de DEUDA adquirido por el emisor al emitir bonos u otro tipo de deuda pública (bursátil) se cumpla en los términos ofrecidos (tiempo y forma). En otras palabras, se califica la seguridad que tiene el inversionista de que recibirá el pago de sus intereses y capital en las fechas y montos acordados. Dado que las acciones de la empresa no representan ningún compromiso de pago para la empresa, las acciones no se califican. Nótese que cuando utilizamos el término emisor, además de las empresas privadas también nos referimos a fondos de inversión, bancos, aseguradoras, afianzadoras y gobiernos y paraestatales, entre otros.
La opinión de las agencias se expresa en una escala alfanumérica que va desde AAA (el emisor con el menor riesgo de incumplir) hasta D (un emisor en default). Se denomina calificaciones de grado de inversión (bajo riesgo de incumplimiento) a aquellas en las categorías AAA, AA, A y BBB (incluyendo sus modificadores, por ejemplo, BBB-, BBB y BBB+). Las calificaciones inferiores a estas (BB, CCC, CC y C) se denominan de grado especulativo (conllevan mayor riesgo). La calificación D indica una emisor que ya ha declarado restructuración, moratoria, repudio de su deuda o bancarrota. Para determinar la calificación del emisor o la emisión de deuda las agencias hacen uso de análisis estadístico sobre diversos factores de la empresa y su entorno como, por ejemplo, la liquidez de la empresa, la tendencia de sus ingresos y utilidad, los flujos disponibles para el pago de la deuda, su reputación, garantías específicas que pueda proveer, las expectativas de crecimiento de su industria, su competencia, el clima político y macroeconómico del país donde opera, etc.
La importancia que han cobrado las calificaciones crediticias estriba, en mayor parte, en que las estadísticas sugieren que existe una relación inversa entre la calificación y la tasa de interés que paga el instrumento o el emisor: a menor calificación, mayor tasa de interés. Desde luego, esa tasa de interés representa el rendimiento para el inversionista en los instrumentos de deuda, es por ello que, usualmente, a mayor riesgo se espera mayor rendimiento. Las calificaciones también son utilizadas para fines de regulación. Por ejemplo, las autoridades financieras han restringido la inversión de Sociedades de Inversión para el Retiro (SIEFORES en México) a instrumentos de deuda que tengan una calificación de grado de inversión otorgada por al menos dos de las agencias reconocidas por la autoridad.
Aunque en Estados Unidos existe al menos una docena de estas agencias calificadoras, tanto en ese país vecino como en México, el mercado está dominado por 3 grandes agencias que cuentan con el reconocimiento de las autoridades financieras: Moody’s, Standard and Poor’s y FitchRatings. Estas agencias obtienen sus ganancias (y aquí viene el gran conflicto de interés) de cobrar el servicio de calificación a los emisores. De esta forma, la empresa que será calificada paga por obtener la calificación y, por supuesto, espera que ésta sea favorable. La agencia, a su vez, se puede sentir presionada a otorgar una calificación favorable con la finalidad de contar con un cliente cautivo que pague por los servicios de revisión periódica que se hace a su calificación y con la expectativa de que el cliente pueda solicitar servicios adicionales para calificaciones de emisiones particulares posteriores.
Ahora, seguramente, podrá interpretar de manera más adecuada estos indicadores financieros.
Saludos,
MB
www.mexicobursatil.com
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