miércoles, 21 de marzo de 2012

El Poder del Ahorro

El poder del ahorro...

En septiembre de 2008, una encuesta realizada por Seguros Monterrey New York Life reportaba que los mexicanos, en las clases media y superiores, ahorraban principalmente con el objetivo de hacer frente a algún imprevisto personal o familiar. A finales de ese mismo año, la Comisión para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF) informaba que sólo el 16% de los mexicanos tenían el hábito de ahorrar y, según la aseguradora AXA México, quienes ahorran destinan, en promedio, el 6% de sus ingresos a esta actividad. Y aunque estas cifras pueden por si solas resultar interesantes, lo que más me impactó al leer estas noticias fueron los comentarios que algunos lectores hicieron a estas notas.  En particular un lector se preguntaba, ¿qué es ahorrar?. Desconozco si la pregunta fue sarcástica o si en verdad buscaba descifrar como volver a incluir este vocablo extinto en las conversaciones cotidianas de los mexicanos.  En este mismo sentido, algunos otros lectores se quejaban amargamente de la imposibilidad de destinar parte de sus ingresos al ahorro debido a que difícilmente pueden satisfacer sus necesidades básicas como alimento, vestido y transporte, entre otras. Demandaban, en todo caso, primero un incremento en los salarios, para entonces poder considerar como posibilidad el ahorro.



Reconociendo que los tiempos que vivimos son difíciles en relación a que los sueldos, ya de por sí deprimidos en muchas áreas de la actividad económica, se han visto aún más afectados por reducciones temporales (si no es que bajas permanentes) respaldadas en “la crisis hipotecaria mundial”, en esta breve nota quisiera hacerle ver el poder de crecimiento exponencial que tienen unos cuantos pesos que son ahorrados religiosamente en un instrumento de ahorro.

La definición de ahorro (de un hogar) establece que este es la proporción del ingreso disponible que se destina a instrumentos de inversión.  Ingreso disponible es aquél que queda después de restar a todos los tipos de ingresos que se posean (sueldo, comisiones, intereses, regalías, rentas, traspasos, etc.) todos los gastos que se requieran para vivir (comida, transporte, vivienda, educación, medicinas, etc.).  Muchos de ustedes harán sus cuentas y concluirán que esa diferencia es ¡negativa!. Cuando eso sucede, normalmente, se debe recurrir a la deuda (préstamos, tandas, empeños, etc.) para poder “completar”.  Pero, ¿que sucedería si dentro de los gastos “necesarios para vivir” consideráramos el ahorro? Digamos que dentro de nuestra lista de gastos, logramos reducir 100 pesos al mes (menos de 4 pesos al día) y eso lo destinamos al ahorro (en una nota posterior le diré como puede ahorrar esos 100 pesos mensuales).  El primer año, dado lo pequeño del monto, nuestros ahorros no generarían intereses, pero supongamos que a partir del segundo año, podemos obtener un interés en una cuenta bancaria (el instrumento de inversión predilecto de los mexicanos) del 2.5% anual -una tasa de interés francamente baja.  Si somos constantes en este hábito, al paso de 10 años habremos acumulado ¡13,600 pesos!, que tendríamos disponibles para darnos algún gusto o cubrir algún imprevisto.  Alternativamente, si aportáramos ese dinero a nuestra cuenta de Afore, que han generado desde su creación en promedio el 6.5% de rendimiento anual, nuestras mensualidades de 100 pesos acumularían 16,800 pesos a nuestro fondo para el retiro.

¿No cree, estimado lector, que vale la pena esforzarse por reincorporar a nuestro léxico la palabra ahorro y, no solo eso, sino incluirlo dentro de nuestros hábitos?. 

Haga que su dinero trabaje para usted, ¡no para sus acreedores!!

Seguiremos escribiendo...

MB


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